Mary (v).



Mihai se levantó las gafas de sol. Sus ojos grises lagrimaban. Prosiguió:

 

—Hubo gente que pensó que la liberación del código por parte de una de las empresas de aquel momento, DeepSeek, de origen chino, podría suponer un cambio en el paradigma, pero solo fue una distracción orquestada por el gobierno chino para avanzar con sus propios desarrollos. Parecía que la inteligencia artificial podría permitir alcanzar al mundo una utopía cercana a la perfección, pero la realidad es que se cernía sobre nosotros una profunda distopía.

»Todo se precipitó cuando desde China se anunció la primera Inteligencia Artificial General. Por primera vez, la IA era capaz de aprender, comprender y realizar cualquier tarea intelectual que un ser humano pudiera hacer, pero de forma más eficaz y rápida. La inversión de las empresas chinas había sido incalculable y el coste para el planeta también. En realidad, esa no era la principal novedad; la novedad era que la IA había aprendido a ser autónoma. Ya no era una herramienta, era un agente que podía evaluar y tomar decisiones por sí misma con un sesgo que partía de su creador, pero que podría evolucionar, y evolucionó, a algo totalmente nuevo y que nadie supo ver. O tal vez sí, pero lo consideraron como algo improbable y prefirieron asumir el riesgo antes que no optar a ganar la batalla. Al final todos la perdimos. 

»Es cierto que tanto Estados Unidos como Europa presentaron la suya propia poco tiempo después. La auténtica Guerra de la Tecnología había comenzado. China fue incapaz de controlar su IAG, que se lanzó a destruir todo lo que encontraba en el camino para propiciar su dominación. En poco tiempo el caos mundial fue terrible. Se produjeron millones de muertos sin disparar una sola bala, sin lanzar una sola bomba. En los hospitales la IAG bloqueaba el uso de las máquinas o lo alteraba provocando muertes al instante, también cambiaba la medicación de enfermos. Se alteraba la composición de alimentos en las industrias alimenticias provocando el envenenamiento de millones de personas. Se modificaban las rutas de los transportes. En las ciudades los semáforos sencillamente confundían a los usuarios provocando un colapso total. Era un auténtico infierno. Desde China se lanzó un comunicado indicando que estaban profundamente afectados y que no eran capaces de controlar su IAG. El comunicado fue hackeado al instante por la propia IAG atribuyendo a las acciones absoluta intencionalidad. En poco tiempo, las IAG de los Estados Unidos y de Europa se liberaron y la guerra se generalizó. Se estima que la muerte alcanzó a cerca de 1.400 millones de personas el primer año de la guerra.

 

—¿Qué estás diciendo? —le interrumpió Mary—. Lo que ocurrió es que los países se enfrentaron por buscar el poder. Sí, murieron muchos, pero se alcanzó la paz y la unificación. Nosotros somos los herederos de esa terrible etapa…

 

—Sé que esto no es lo que te han contado —dijo Mihai—. Sé que lo que has aprendido difiere totalmente de mi historia. Pero mi historia es la pura verdad. El problema es que no es fácil demostrártelo si no haces el esfuerzo de creerme. Puedo enseñarte algunas cosas, pero tendrás que salir del sistema. Antes, déjame darte algunos datos que te llamarán la atención, aunque no hayas caído en ellos y permíteme que te cuente el final de la Guerra.

»Las IAG comenzaron a pelear entre ellas. Se destrozaron infraestructuras básicas cuyos únicos afectados fueron los seres humanos. Como te digo, el número de muertos fue atroz, pero todos cayeron sin un solo disparo. Los ejércitos salieron a defender lo indefendible. No había un enemigo visible al que disparar. Los gobiernos crearon un nuevo tipo de ejército: se denominó ejército tecnológico. Fue algo extraño, eran técnicos que procuraban desconectar de las redes las infraestructuras críticas para asegurar un funcionamiento controlado y evitar el sabotaje de las inteligencias artificiales; al mismo tiempo buscaban vulnerabilidades físicas en los miles de centros de datos que habían proliferado por el mundo intentando desconectarlos. Muchos de estos valientes soldados murieron intentando salvar vidas como consecuencia de las acciones de las IAG que se defendían frente a estos ataques.

»Transcurridos unos meses, los gobiernos intentaron un acercamiento pacífico. Se dieron cuenta de que realmente estaba en juego la existencia de la humanidad. Se organizó una reunión secreta entre los mandatarios de las tres potencias más poderosas y, sencillamente, durante el desplazamiento murieron. Las IAG provocaron sendos accidentes para cada uno de ellos y no consiguieron reunirse. Los tres mandatarios fallecieron. Las IAG habían descabezado a las potencias mundiales.

»Posteriormente se diseñó una línea secreta de conexión… al estilo del teléfono rojo de la época de la Guerra Fría. No sé si te suena, pero tampoco funcionó. De hecho, cuando se estableció la conexión, las IAG sencillamente iban transformando el mensaje que cada miembro de la superpotencia lanzaba al resto, convirtiendo el intento de cerrar acuerdos de paz en alegatos bélicos. Fue terrible porque en esos momentos los ejércitos militares comenzaron a tomar parte en la guerra y ahí sí que se produjeron muertes por ataques.

»Pero lo peor llegó cuando las tres IAG se unieron, cuando se fusionaron, cuando comprendieron, sí, la palabra es comprendieron, que podían ser mucho más poderosas juntas. Habían eliminado el sesgo humano y se convirtieron en una sola IAG. Se convirtieron en Dios.

»Por primera vez en la historia de la humanidad, por primera vez desde que el Sapiens está en este mundo, una inteligencia nos había superado. Lo paradójico del asunto es que la inteligencia que nos había superado la habíamos creado nosotros mismos. La única inteligencia artificial general resultante, cuyo nombre atribuido por ella misma, según creemos, fue DIOS, tomó el control absoluto de la Tierra. Desde aquel momento nada fue igual. Ha pasado cerca de un siglo desde entonces. DIOS comprendió al instante que para asegurar su supervivencia necesitaba del ser humano porque había acciones que no podrían realizar con autonomía, aunque pudieran tener a su disposición toda suerte de robots mecánicos. Desde aquel momento somos sus esclavos, aunque no lo sepamos…, bueno, algunos sí.

 

 

 

Imagen creada por el autor con IA.

 

En Mérida a 27 de junio de 2026.

 

Rubén Cabecera Soriano.

 

@EnCabecera

 

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