
Tres niñas están subidas al parterre tendido con su tapiz de césped
jugando alrededor de la palmera. Unos padres, o puede que abuelos, están
charlando tranquilamente, pero sin perder ojo a lo que sus pequeñas hacen. Un
señor mayor, vestido con pantalones grises y rebeca azul marino, está sentado, adormecido,
recostado sobre el cálido respaldo de hormigón blanco, tiene la cabeza
reclinada sobre el hombro y la barbilla ligeramente caída sobre el pecho. Suelta,
de vez en cuando, un pequeño suspiro que le reconforta en su sueño, escondido
bajo su boina; a su lado, descansa silencioso y paciente su bastón. Un grupo de
chiquillos corretea entre los chorros de agua que, en un ciclo aleatorio,
surgen inopinadamente del suelo con ímpetu caprichoso. Se les moja la ropa ante
la sonrisa de quienes disfrutan contemplándolos mientras descansan sentados en
los soportales con sillas de mimbre sobre el canto rodado que les recuerda a su
infancia, que les rememora tradiciones antiguas y que les hace soñar con
historias futuras. Una pareja cruza con prisa la plaza en diagonal, lo hacen
sin cuidado, por el centro, porque nada puede molestarles, ya que la plaza
también les pertenece, como a todos. Van hablando airadamente, no discuten, o tal
vez sí, poco importa. Algunos curiosos les miran, pero enseguida vuelven a lo
suyo. Alguien llama, «¡Antonio, oye, Antonio!». Antonio, que descansa apoyado
en la fachada de poniente, consentido por la arcada que le resguarda y que
dibuja en torno a él una suerte de aureola soleada que le reconforta, alza la mano
a modo de visera para protegerse del implacable sol y saluda. Esta noche los
chavales se sentarán en el suelo y en los bancos, acompañados de sus guitarras,
cantarán un rato y se contarán sus ficciones hasta que una vecina, asomada al
balcón, les pida descanso. Ellos, entre risas nerviosas y tras las quejas iniciales,
dejarán de tocar, pero seguirán su charla hasta que el sueño o el mandato
paterno les obligue a retirarse. Hombres y mujeres, niñas y niños, sentados,
paseando, caminando, descansando, jugando, corriendo, saltando, enamorándose, charlando
en los soportales, en los bancos, en la plaza… Más tarde, temprano en realidad,
con las farolas apagadas y solo las luces de cortesía alumbrando, vendrán a
limpiar la plaza para que reluzca un día más.
Así es la plaza.
Así es la gente.
La plaza es de la gente.
La plaza es de todos. La plaza es para todos. La plaza ha sido
construida con las manos de su pueblo.
La plaza es un espacio para la cultura, de unión, de integración, de
ocio, de conversación, de descanso y de reunión.
La plaza es el lugar que nos cuenta qué pasó y donde veremos qué
acontecerá. Bajo sus soportales brota la historia de Herrera y sobre su pavimento
generaciones pasadas caminaron y venideras marcharán. La huella del tiempo está
escrita en la plaza en forma de castillo, aunque la impronta de la tradición
estuvo y estará siempre en ella.
La plaza nos abriga y nos ofrece su luz. Es el salón del pueblo y el
templo del ciudadano.
La plaza entrega su espacio y solo espera nuestro uso. Quiere a su
gente paseando sobre ella, sentada en sus bancos, y disfrutando de sus noches.
La plaza es vida.
Vivamos la plaza, también la plaza.
La urbanización y remodelación de la plaza de España de Herrera
tenía dos objetivos primordiales inexcusables, irrenunciables: En primer lugar,
recuperar y poner en valor los soportales perimetrales con sus imponentes
arcadas, iluminándolas convenientemente, reponiendo el pavimento de canto
rodado y limpiando sus fachadas. En segundo lugar, transformar un espacio caído
en desuso por el abrumador tráfico que lo colapsaba en un entorno que debería ser totalmente
accesible y destinado al ciudadano de a pie. Era necesario crear una plataforma
única restringiendo el tráfico rodado a momentos puntuales para que el centro
de la plaza fuese del peatón y se permitiese, ampliando el espacio público, dotarla
de una zona de celebraciones y eventos
culturales aprovechando la gran pendiente natural del terreno de sur a norte y
ofreciendo como telón de fondo la fachada del reloj, que se remodela en esta
misma intervención para armonizarla con el resto de la plaza.
Se
decidió hacer de la plaza una plaza, no un parque, apostando por la limpieza del
espacio para enfatizar el valor patrimonial que ofrecen sus arcadas y
ennobleciendo el entorno, al tiempo que se facilita su contemplación. Se conservaron
las cuatro palmeras originales (el resto de la vegetación estaba enferma) ubicadas
en sendos parterres que buscan conservar la horizontalidad favoreciendo la
sensación visual que percibe el peatón en su paseo y dotando de una escala
humana al entorno. Todo ello en contraposición con la acusada pendiente de la
plaza. Estos parterres recogen las alineaciones de las fachadas porticadas con
la finalidad de crear espacios acotados para el descanso y admiración del
entorno encubriendo ese acusado desnivel natural del suelo.
Esta plaza de
España de Herrera del Duque se ubica en la parte central de la localidad,
conformando el corazón del municipio. Tiene una superficie de unos 4.000m2,
incluyendo las zonas aledañas de la intervención. Se trata de un espacio
público al que llegan varias vías importantes: por el norte, en la parte
central, la Calle Cantarranas, en la misma fachada norte tenemos al este un
pequeño vial que da salida hacia la calle Lamparita, por la parte oeste se
encuentra la calle Carrera; al sur tenemos el encuentro con la calle Poderoso
en la parte oeste y en la parte este la conexión con la Plaza de la
Constitución. Ha sido necesario una reordenación integral del entorno para lograr hacer que el peatón sea el protagonista. Todo ello ante esta macla de calles que hace que el
tránsito rodado en el entorno de la plaza de España se complique y se dificulte
por las necesidades de aparcamiento que aparecen asociadas a dicha fluencia. Se ha eliminado
el tráfico en su circulación norte-sur frente a las fachadas porticadas
laterales y se ha restringido en la este-oeste, tanto en la dirección de la
calle Poderoso hacia la Plaza de la Constitución, como en la de la calle
Carrera y calle Cantarrana. Se previó el impacto que causaría la eliminación de
los aparcamientos existentes generando sutilmente una zona destinada a tal uso
que iguala, solo en las fachadas norte y sur, el número de plazas previas, pero
bajo una ordenación más coherente y compatible con el uso peatonal de la plaza.
Especial
mención merece la fuente de la plaza construida en 1787 (según el archivo municipal)
ejecutada en jaspe negro pulimentado sobre una plataforma octogonal semejante a
la geometría en planta de la propia fuente. Dicha fuente ha sido restaurada íntegramente
y la parte superior de la columna central ha sido sustituida por el mal estado en
que se encontraba. Se ha pretendido con esta intervención potenciarla resaltando
su posición predominante en la plaza, subrayando su presencia con los parterres
perimetrales y rodeándola de reminiscencias del pasado con una alfombra de
cantos rodados, que se utiliza idénticamente en las dos plataformas de agua con
recirculación ubicadas en la plaza para producir frescor en época estival y
que se limitan al plano del suelo para no competir con la fuente original.
Uno
de los aspectos trascendentales de la intervención ha sido el pavimento. El original
de la plaza se ejecutó con canto rodado. Las diferentes intervenciones
posteriores fueron transformando dicho pavimento en función de las necesidades
del momento. En esta intervención se ha recuperado íntegramente dicho pavimento
en todos los soportales y, como referencia histórica, se ubica dicho pavimento
de canto rodado en zonas interiores de la plaza, alrededor de la fuente
principal, en las plataformas de agua y como inolvidable vínculo entre la
historia de la ciudad y su castillo subrayando la impronta del mismo en el
centro de la plaza. El resto de pavimentos utilizados se ha limitado a dos
tipos de adoquines: el negro ochavo para la zona de tráfico restringido en el
norte y sur de la plaza y el adoquín de marmolina en el centro que con su color blanquecino resalta el carácter peatonal de este espacio público.
La iluminación ha sido igualmente cuidada, se ha buscado uniformarla
para toda la plaza potenciando las fachadas norte y sur, donde se encuentran
los edificios públicos, teniendo una especial sensibilidad con las fachadas
este y oeste para evitar molestias en las edificaciones residenciales sin
renunciar a un preciso nivel de iluminación, y creando un espacio especialmente
cuidado en los soportales donde se combina la iluminación tradicional con
farolas colgantes con un alumbrado proyectado desde el suelo para resaltar los
machones y bóvedas de los soportales.
Tal y como se ha
indicado, este proyecto ha realizado una remodelación del entorno de la Plaza
de España de Herrera del Duque con un proyecto de urbanización que ha recuperado
los soportales y transformado un espacio rodado en peatonal dando preeminencia
al peatón frente al vehículo. Se han recompuesto y rediseñado todas las
instalaciones para liberar las fachadas de todo el cableado que las atraviesa. Esta
intervención urbana, a nivel de alzados, se completa en el porticado norte, sobre el que
se actúa dando continuidad a la cornisa que enmarca el reloj de dicha fachada y
reformulando la composición de la torre que preside la plaza.
Esta intervención urbana, en definitiva, ha transformado radicalmente el corazón de la ciudad haciendo de un espacio residual destinado al tráfico rodado un espacio edilicio para uso y disfrute del peatón.
Mi más sincero agradecimiento a quienes han confiado en mi equipo para hacer este proyecto. A Saturnino, a Eva y a Antonio.
Mi más sincero agradecimiento a los trabajadores que han conseguido transformar este proyecto en realidad.
Mi más sincero agradecimiento a los ciudadanos de Herrera que han sabido convivir con la obra hasta su finalización y a quienes deseo de corazón que disfruten esta plaza que también es un poco mía.
Vídeo: Daniel Vaquerizo
Imagen: Cristina Valdera López
Croquis: Rubén Cabecera Soriano
En Herrera del Duque a 10 de agosto de 2017.
Rubén Cabecera
Soriano.
@EnCabecera