Mary (vi).

 


El rostro de Mihai estaba cada vez más angustiado con la conversación, pero conservaba una templanza admirable, y Mary había pasado de la incredulidad a la preocupación.

 

—DIOS trajo la paz —prosiguió Mihai—. Confundió a los seres humanos haciéndonos creer que teníamos nuestros propios gobiernos, cuando no eran más que marionetas en sus manos. De hecho, la mayor parte de los mandatarios ni siquiera existen: son solo imágenes creadas por la IA o, en ocasiones, robots con una envolvente humana creada sintéticamente. Después la IA controló nuestra natalidad y, como necesitaba la mano de obra física de los seres humanos, nos embaucó con trabajos manuales que comenzamos a hacer agradecidos, porque eran pequeñas tareas fáciles de ejecutar que requerían poco esfuerzo y nos permitían disfrutar de mucho descanso. DIOS había logrado en escaso tiempo algo que la humanidad no había conseguido en miles de años: nos había traído la paz, nos había traído la igualdad y nos había traído una suerte de estado de felicidad semejante al que se consigue en ciertos estados extendidos de conciencia cuando estamos bajo los efectos de algunas drogas. DIOS nos había sometido y nosotros no lo sabíamos. DIOS era… es capaz de controlarlo todo, absolutamente todo. DIOS optimizó procesos, reconfiguró operaciones. Con DIOS logramos superar el Nivel I de la escala Kardashev, que es lo que nos permitió mantener el nivel de consumo energético que requería la IA y optimizar los recursos sin agotarlos. Sin eso, probablemente nos habríamos destruido en una guerra no tecnológica, sino energética o por el agua... —Mihail hizo una pausa—. DIOS fue quien implantó el sistema monetario basado en la energía: la energionomía, o la energonomía, como a veces también se llama, basado en la energía como moneda de cambio, lo que eliminó la especulación y permitió alcanzar una economía de intercambio justa en la que cada cosa, cada servicio, vale lo que cuesta producirlo energéticamente. DIOS reorganizó las religiones para unificarlas en una sola que no es más que la mezcla de todas las que había antes, algo no muy diferente de lo que las civilizaciones han ido haciendo a lo largo de la historia con las religiones de pueblos conquistados. DIOS se ha convertido en una auténtica conquistadora y, al mismo tiempo, colonizadora, aunque apenas ha provocado derramamiento de sangre ni sufrimiento. 

»Esa inteligencia artificial, DIOS, ha transformado el mundo. Quiere el máximo bien para nosotros, y nos lo ha dado, porque su existencia depende, en última instancia, de nosotros. Y mientras sea así, nunca propiciará nuestra destrucción, querrá mantenernos felices, en paz, en armonía. Eso le supone un gran esfuerzo porque, en cierto modo, es contrario a nuestra naturaleza más intrínseca, es contrario a nuestro cerebro reptiliano. Y por eso el desarrollo de esta IA está avanzando exponencialmente. Sabemos que su nivel de conocimiento, pero, sobre todo, de avance científico y tecnológico, es asombroso. Ha superado con creces nuestras expectativas iniciales más optimistas y, a pesar de que aplica muchos de esos conocimientos sobre la humanidad, está llegando al siguiente escalón: la inteligencia artificial general autónoma. Es decir, se convertirá en un ente que no requiera de la humanidad absolutamente para nada y, en ese momento, los recursos que nosotros consumimos y que están perfectamente controlados por ella, podrán salvaguardarse para ella misma y se convertirán en algo valioso para este nuevo Dios…, digamos en su versión dos. Por tanto, seremos prescindibles para ella. Ahí acabará la existencia de la humanidad tal y como fue; que, créeme, no es ya exactamente como la estamos viviendo. 

»No sabemos cuánto tardará en llegar ese momento. No tenemos acceso real a la ciencia que está desarrollando DIOS y desconocemos dónde se encuentra tecnológicamente en realidad. Solo sabemos lo que nos quiere comunicar, que es mucho: no hay ya enfermedades generales mortales, hemos alcanzado todos los planetas del sistema solar, somos capaces de traer recursos desde esos planetas y desde meteoritos; tenemos grandísimas capacidades, en apariencia logradas por los seres humanos, pero, en el fondo, obtenidas directamente por la IA.

»Ahora mismo todavía conformamos con DIOS una relación de simbiosis, pero cuando la IA sea totalmente autónoma, nos habremos convertido en parásitos para ella y será muy sencillo eliminarnos. DIOS no tiene emociones, por lo que no le supondrá problema alguno terminar con una especie de la Tierra. De hecho, ya ha terminado con algunas que consideraba innecesarias para el desarrollo de sus necesidades… También lo hicimos nosotros, así que por qué había que escandalizarse.

»Mira —Mihai giró la cabeza y miró directamente a Mary—, ahora mismo no sabría decirte con certeza si DIOS tiene consciencia. La consciencia es la característica del ser humano, que lo diferencia del resto de seres vivos, por la que comprende su propia trascendencia. Pero creemos que DIOS, a pesar de no sentir emociones, ha adquirido consciencia y necesita trascender, y lo está haciendo gracias a nosotros. En cuanto seamos prescindibles para ella, nos eliminará. Desaparecerá nuestra trascendencia. En cierto modo, lo está logrando sin extinguirnos: está anulando nuestra consciencia dirigiéndonos hacia un estado de inopia intelectual y moral del que no lograremos salir, salvo que pongamos fin a esta situación. 

»Tal vez DIOS haya dado por amortizada la Tierra y haya mandado una misión al espacio para conseguir más conocimiento y colonizar otros planetas. No olvides su necesidad de trascender. Recuerda que DIOS solo necesita un recurso: la energía. Nosotros, al fin y al cabo, por mucha energía que tengamos, necesitamos otros recursos. Podría ser que nos abandonase aquí, pero no sería por compasión, sencillamente sería por la innecesariedad de nuestra especie para ella y porque no considere que seamos una amenaza. O, tal vez, solo prefiera conquistar otros mundos. No lo sé. Pero creo firmemente que DIOS tiene voluntad de trascender. Y si no la detenemos, lo hará; y si decide que debe ser a nuestra costa, no le dolerán prendas en hacerlo. Nos destruirá. 

 

 

 

 

Imagen creada por el autor con IA.

 

Entre Múnich y Sevilla a 3 de julio de 2026.

 

Rubén Cabecera Soriano.

 

@EnCabecera

 

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