Mary (iii).

 


—Estoy seguro de que has oído hablar de la Guerra de la Tecnología.

 

—Claro, ese fue el nombre que le pusieron porque no querían llamarla Tercera Guerra Mundial. Aunque todos sabíamos que era precisamente eso en realidad —Mary se relajó, pero se mantuvo de pie—. 

 

—Pues bien, esta guerra…, no quiero aburrirte mucho porque seguro que los datos básicos los conoces, surge cuando la tecnificación de la sociedad alcanzó un punto de no retorno que la propia tecnología no pudo resolver. Los requerimientos energéticos y el consumo de agua, imposible de devolver al ciclo natural, para mantener el desarrollo tecnológico fueron tan grandes que no eran sostenibles. Tanto la energía como el agua que necesitaban las máquinas propiciaron un escenario catastrófico. Los países en primer lugar, pero fundamentalmente las corporaciones en un segundo momento se acusaron de un uso irresponsable de los recursos… — Mihai se detuvo un momento a reflexionar y agachó la vista—. A partir de ese momento todo fue de mal en peor.

»Los dueños de las grandes empresas, empresas que tenían una valoración de mercado mucho mayor que algunos de los países más importantes, comenzaron a tomar decisiones. La Tierra no había logrado alcanzar el grado de desarrollo suficiente como civilización para explotar de forma coherente los recursos en términos generales. Es decir, no habíamos alcanzado el Nivel I del método teórico propuesto en 1964 por el astrofísico soviético Nikolai Kardashev para determinar el desarrollo tecnológico y evolutivo de una civilización inteligente correspondiente a un planeta. Había aspectos en los que lo habíamos superado con creces, como en el caso de la Inteligencia Artificial, pero en otros muchos, en especial el de la gestión de recursos, no superábamos el primer escenario. 

»Mira…—Mihai volvió a hacer una pausa para tomar aire—, un informe publicado en 2026 por la Universidad de las Naciones Unidas, concretamente por el Instituto para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud, titulado “ENVIRONMENTAL COST OF AI'S ENERGY USE. Carbon, Water and Land Footprints” que pasó inicialmente desapercibido, provocó un terremoto entre los científicos que intentaron hacer comprender el catastrófico escenario al que nos dirigíamos. En resumen, el informe decía que los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial consumirían 945 teravatios-hora de electricidad en torno a 2030, que su huella hídrica equivaldría a las necesidades básicas de agua de toda la población del África subsahariana y que la ocupación del suelo superaría los 14.500 kilómetros cuadrados. Por supuesto, el escenario se quedó corto y fue convirtiéndose en realidad muy por encima de lo previsto porque, además, se vino cumpliendo la paradoja de Jevons, quien ya anticipó en 1865 que la optimización y mejora de la eficiencia de los procesos tecnológicos en lo referente a los consumos, lejos de reducirlos, los incrementa, tal y como ocurrió con la demanda de carbón en la Inglaterra de finales del siglo XIX. Esto supuso un grave problema que comenzó afectando a los países más débiles. Casi toda la franja central de África fue comprada por potencias empresariales chinas. Casi todo el continente sudamericano fue adquirido por empresas estadounidenses. Aquí en Europa, no había ninguna corporación con la fuerza suficiente como para hacer frente a las empresas chinas o estadounidenses y la decisión que tomaron en la Unión Europea fue la de transformar las políticas industriales y tecnológicas del conjunto de las naciones europeas en una serie de directrices que se ejecutaban desde una mesa de decisiones corporativa. En definitiva, se creó una empresa pública para hacer frente a las otras grandes empresas existentes, pero cuya gestión se privatizó de forma fulminante. Incluso, como sabrás, entró en bolsa desbancando a la archiconocida SpaceX como empresa con mayor valoración bursátil en su acceso a los mercados. Al principio, la empresa que se constituyó, que se llamó Europe Inc., solo podía vender participaciones entre ciudadanos europeos; de hecho, en su constitución cada ciudadano europeo recibió una acción con su valor cotizado. 

»Esto constituyó un problema serio con el Reino Unido que se sintió agraviado, pese a su decisión de salirse de la Unión Europea años antes con el Brexit, que se produjo a pesar de la oposición que mostraron en el referéndum del 23 de junio de 2016 Irlanda del Norte y Escocia, y también Londres y Gibraltar. Este escenario hizo temblar geopolíticamente el Reino Unido provocando la escisión, tras un proceso complejo, de Irlanda del Norte, Escocia y Gibraltar, cuyos ciudadanos habían recibido participaciones, y que se constituyeron como países independientes pertenecientes a la Unión Europea. Inglaterra, dicen muchos, fue la que terminó provocando el conflicto final. Es verdad que históricamente siempre ha sido cuestionable su comportamiento en lo referente a política exterior, pero, en mi opinión, en este caso, las decisiones que se tomaron iban a llevar a un conflicto bélico por encima de cualquier nación. Si bien es cierto que las protestas inglesas eran, en cierto modo, sensatas y no se fue lo suficientemente sensible como para atenderlas. En definitiva, el Reino Unido, creado en 1707 con el Acta de la Unión, desapareció políticamente como tal y la Gran Bretaña se desmembró. Desde aquel momento, a finales de la década de 2030, todo se precipitó. Inglaterra comenzó un movimiento de acercamiento intenso con los Estados Unidos y China alargó su sombra sobre la isla de Taiwán que se había mantenido más o menos inactiva desde la guerra civil china que libraron el Kuomintang y el Partido Comunista entre 1927 y 1949. La mecha estaba encendida.

»El golpe definitivo fue gestándose poco a poco —Mihai apoyó la barbilla en su puño izquierdo—, de forma sutil y, para algunos, inintencionada, pero fue claro en su resolución. Las compañías tomaron finalmente el poder. Los gobiernos se mantuvieron en primera instancia, de forma que aquellos países que tenían un régimen democrático lo conservaron, y aquellos que tenían un régimen absolutista, también, pero de facto el control lo habían tomado los directores generales de las empresas auspiciados por sus propios accionistas, entre los que se encontraban una gran parte de la población del país. Es cierto que el conglomerado accionarial era sumamente complejo, pero cuando el dinero anda por medio y escuece, el nivel de riesgo asumido se templa y se concitan decisiones que de otra forma habrían sido mucho menos trascendentes y más arriesgadas. 

»Se tomaron algunas decisiones terriblemente erráticas, desde mi punto de vista, que contravenían los principios más básicos de las economías de mercado, pero que respondían a movimientos identitarios de carácter nacionalista. Las empresas forzaron la venta de las participaciones de aquellos propietarios no pertenecientes a la nación de origen de la empresa. Se produjeron migraciones masivas de quienes pensaban que mantener esas participaciones era más interesante que mantener una nacionalidad. De hecho, numerosos países facilitaron pasaportes a quienes demostraban tener un número mínimo de acciones de «sus empresas nacionales» —Mihai hizo el gesto de entrecomillar las palabras—. Imagínate qué supuso eso... Aunque la verdad es que fue una gran oportunidad perdida. Creo que ha sido uno de los momentos más importantes de la sociedad para alcanzar una globalización sin igual en la Tierra que se perdió. Muchos como yo no entendemos cómo fue posible que una deriva económica que podía haber unido el mundo se tornase en un nacionalismo tecnológico cutre, pero con idéntica base económica… Que las empresas iban a terminar tomando el poder era algo previsible ya desde el 2000, pero que fuesen a caer en los populismos nacionalistas fue algo inesperado…

»Bueno —Mihai levantó la cabeza y miró a Mary que seguía de pie—, el caso es que en aquel momento las tensiones corporativas eran inmensas. Se había pasado de democracias y dictaduras a regímenes empresariales. Esa era la nueva forma de gobierno de las naciones. Las empresas con su organización particular tomaban, de facto, las decisiones. Y, evidentemente, las decisiones buscaban rédito económico que era, en consecuencia, rédito de poder. 

 

 

Imagen creada por el autor con IA.

En Mérida a 21 de junio de 2026.

Rubén Cabecera Soriano.

@EnCabecera

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