De tus padres.



Debes saber que el amor que sienten tus padres por ti es absoluto e incondicional.

Esto es lo natural y así es para cada hijo de padre y madre, salvo anómalas y puntuales circunstancias, posiblemente extrañas patologías. Esto es algo que, por más que intente explicarte, seguramente no logres entender hasta que no tengas tus propios hijos. Esto, curiosamente, nos hace débiles como personas, pero fuertes como progenitores. Ser débil por amor no es bueno, procura no vivir en esa quebradiza línea por alguien, pero, sin embargo, si esa debilidad proviene del amor filial es uno de los sentimientos más maravillosos que vivirás nunca y que sentirás por el resto de tus días. Te lo digo ahora que aún no eres más que un bebé, aunque sé que será así para siempre. Me has cambiado. Me has hecho mejor. Me has transformado en un héroe para ti. Me has convertido en tu espejo. Y sí, me has hecho más débil. No es algo que vaya a reprocharte, en absoluto. Es más, es algo por lo que te estoy infinitamente agradecido porque me has mostrado rincones de mi corazón que se encontraban profundamente alejados de mí.

Soy débil por ti porque te siento tan mío que necesito tenerte, y protegerte, y cuidarte, y alimentarte, y abrazarte, y quererte, y besarte, y enseñarte, y contarte. Soy débil por ti porque enfermo si te veo sufrir, porque sufro si te caes, porque caigo cuando lloras, porque lloro cuando enfermas. Soy débil por ti porque te daría mi vida si fuese necesario y sería feliz por hacerlo.

Te confieso que siempre pensé que estos aforismos eran exageraciones, licencias poéticas que en boca de unos sonaban como cánticos celestiales, como hermosas metáforas a oídos de otros, pero ahora sé que ese pensamiento no era acertado, ahora sé que esa debilidad es cierta y la tendré para siempre, aunque me enfade contigo, aunque te reproche actitudes, aunque deba reñirte, pero debes saber que lo haré porque te quiero, porque mi debilidad es por ti, porque deseo con todo mi corazón, incluidas esas partes que me has descubierto, tu felicidad. Mis sacrificios no serán tales si su fin es para tu beneficio.

Esa debilidad, sin embargo, me hace fuerte, me permite sobreponerme en la adversidad para seguir luchando por ti, incansable, constante, buscando aquello que te haga ser mejor de lo que yo pueda llegar a ser, y te permita alcanzar las metas que quieras en tu vida. Esa debilidad me da la vida que necesito para seguir estando contigo, a tu lado, para lo que necesites cuando lo necesites, incluso para desaparecer, con todo el dolor de mi corazón, cuando me lo pidas —y estoy tristemente seguro de que así harás—, pero para volver en cuanto insinúes que necesitas de mí. Esa debilidad quiebra mi rectitud y reblandece mi autoridad cuando desobedeces, pero sustenta mi cariño y mi ternura para hacerte ver tu error. Esa debilidad me permite buscarte con tesón si te pierdes y allanarte el camino si deseas regresar. Esa debilidad antepone tu vida a la mía.

No puedo evitar desear para ti todo aquello que pueda hacerte feliz, incluso aunque esa felicidad no sea más que una fútil sensación fugaz, pero la vida me enseña que para lograr esa felicidad prácticamente no se necesita nada, solo amor y cariño, aunque esto tardarás en comprenderlo porque se requiere vivir mucho tiempo para aceptarlo, así que cuando lo que me pidas sea material, intentaré convencerte de que no siempre es necesario, pero cuando me pidas afecto, cariño, amor, te daré todo el que pueda y más para que sientas en ti la felicidad que me provocas. No me reproches si procuro no rodearte de cosas, no me reproches si otros niños duplican tus juguetes, no me reproches si tus estantes no están llenos de muñecos, si son pocos los cachivaches y artefactos que te guardo, porque trataré que tu vida se llene de experiencias para que aprecies lo bella que es, de vivencias que te hagan feliz, que te hagan mejor persona, y eso no te lo proporcionarán los objetos.

Esto es lo que te puedo enseñar, esto es lo que quiero para ti, esto es lo que me gustaría que aprendieses de tus padres. Es difícil, lo sé. Querré que me quieras absoluta e incondicionalmente, como yo lo hago contigo, pero sé que esto será una utopía, un pensamiento pueril en mente de una persona de muchos años. Pensarás que no me elegiste y acertarás, sentirás que ya no me necesitas y será cierto. Eso provocará en ti la sensación de que te sientes obligado a quererme y ese amor no es libre. Ese sentimiento también será natural, lo sé, y por más que me duela, lo entenderé. Al menos piensa que siempre querré tu bien, que siempre desearé tu felicidad y que todo lo hice por ello. Espero que esto te sirva para recuperarme si te alejas. En mi caso, entenderás que jamás te perderé por más que llegues a alejarte.
  

A mis hijos.

Fotografía: www.elconfidencial.com


Mérida a 23 de julio de 2016.
Rubén Cabecera Soriano.
@EnCabecera


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