En la actualidad, simplificando en extremo, podríamos reducir la tecnología que nos afecta a las pantallas unipersonales y a la inteligencia artificial —IA—. Ambas están bastante vinculadas desde que aparecieron, aunque el desarrollo de la inteligencia artificial y la tecnología personal se asocia a tiempos más recientes, pero la realidad es que se utilizan métodos de inteligencia artificial en todas las máquinas que nos rodean desde hace mucho, incluso desde antes de que John McCarthy —prestigioso informático estadounidense que obtuvo el Premio Turing en 1971— acuñase el término en 1956. Y es que prácticamente cualquier proceso automatizado que desarrolle cualquier máquina es, en cierta medida, inteligencia artificial, puesto que responde a la definición que dio el propio McCarthy acerca de la IA como «la ciencia e ingenio de hacer máquinas inteligentes…». Es cierto, por contrapartida, que la IA ha evolucionado recientemente de forma acelerada y ha llegado a un nivel de desarrollo que puede poner en peligro, según la ONU, la paz y seguridad mundial, los derechos humanos, la democracia e incluso el prestigio de la ciencia y de las instituciones públicas a consecuencia de la desinformación que puede provocar. El propio secretario general de la ONU, António Guterres, en septiembre de 2015 afirmó, refiriéndose a los riesgos de permitir que la IA tome decisiones críticas, que «el destino de la humanidad no puede dejarse en manos de un algoritmo». En definitiva, vivís, vivimos una época en la que es fácil caer en estas redes de la tecnología y dejarnos gobernar por ellas provocando en nosotros, sobre todo en vosotros que aún sois niños y no tenéis herramientas para controlarlas ni madurez para gestionarlas, graves desajustes mentales y sociales.
Hay numerosos estudios desarrollados por eminentes especialistas, entre psicólogos y pedagogos, que demuestran las situaciones de riesgo a las que nos enfrentamos con los teléfonos móviles, tabletas u ordenadores con sus redes sociales asociados o no a la inteligencia artificial. Es cierto que estas tecnologías proporcionan magníficas oportunidades creativas, educativas y sociales, y, de hecho, son realmente útiles en nuestros estudios, trabajos e incluso en el desarrollo de la ciencia que nos lleva a mejorar la propia tecnología. Pero desde el momento en que llegan a nuestras manos y existen intereses económicos y políticos espurios tras ellas, su uso puede resultar peligroso, puesto que sin hábitos responsables o bajo el auspicio de quienes buscan controlarnos u obtener nuestra riqueza estas tecnologías nos exponen a peligros que pueden afectar a nuestro bienestar físico, emocional y psicológico, además de que nos inducen hacia ciertos comportamientos que no elegimos de forma consciente. Por tanto, nos provocan cambios conductuales que no responden a quienes somos, pueden, en definitiva transformarnos en lo que otros quieren que seamos.
Voy a dar un listado terrible e inquietante de las consecuencias que puede llegar a tener el uso de las pantallas unipersonales, y digo unipersonales, porque se trata de instrumentos que tienen un uso exclusivamente individual, de hecho, se configuran para adaptarse a la comodidad de cada usuario, pero, además, con los algoritmos actuales desarrollados con y por la IA, la experiencia que vive cada usuario se hace exclusiva para él. Por lo tanto, lo que recibe cada usuario es lo que a priori quiere recibir, hasta que el nivel de influencia es tan grande que el estímulo modela su propia identidad. Estos son algunos de esos efectos que provoca la tecnología que tenemos a nuestro alcance hoy en día y de los que no somos conscientes hasta que es demasiado tarde y el daño está hecho y las secuelas son irreparables: alteraciones del sueño, ansiedad, dificultades sociales y emocionales, reducción de nuestro rendimiento intelectual —académico o profesional—, irritabilidad cuando no tenemos acceso a ellas, supresión de actividades físicas ajenas a las pantallas con el consecuente detrimento físico para el cuerpo, dificultades en la concentración, uso compulsivo, merma en el desarrollo cognitivo, problemas de privacidad y seguridad, aislamiento social, etc. Pero es que, además, estas tecnologías pueden terminar convirtiéndonos en seres que no querríamos ser gracias a los infinitos estímulos personalizados que nos llegan provenientes de una máquina incansable. Tal es el poder de esta tecnología.
Vosotros sois la generación digital, se os ha llamado «nativos digitales», pero eso no os da ninguna ventaja adicional, porque solo conocéis lo que habéis vivido. Nosotros, las generaciones anteriores, no nacimos con esta tecnología en nuestras manos. Nos llegó y nos sorprendió con sus capacidades, ofreciéndonos inmensas ventajas y mejoras con respecto a lo que teníamos; tuvimos que aprehenderlas y necesitamos contralarlas y gestionarlas, así que somos nosotros los responsables de haber manipulado el maravilloso potencial de esta tecnología hasta derivar en el terrible daño que está provocando. Por suerte, no todos buscamos esa manipulación, ese poder o ese dinero. Muchos nos preocupamos por el bienestar de nuestros hijos y hacemos lo que está en nuestras manos para asegurar usos responsables de estas tecnologías. No es fácil, nada fácil y enseguida entenderéis por qué. Básicamente se trata de una lucha desigual en la que nos enfrentamos a gente muy poderosa, ávida de dinero y poder que prefieren tener bajo su dominio a gente manipulable e inculta antes que a seres humanos con pensamiento crítico que puedan oponerse a su dictadura. También debéis tener en cuenta que los que han desarrollado esta tecnología no son todos unos malintencionados y malvados seres humanos; hay de todo, como pasa con todo lo que nos rodea. Pero precisamente por eso es tan importante la educación y el pensamiento crítico: con ellos podemos construir nuestra propia opinión procurando que esta sea lo más sensata posible y así poder valorar de la forma más objetiva posible, aunque personal y susceptible de ser compartida, aquello en lo que esta tecnología nos afecta.
No todo está perdido. Como he dicho, también hay innumerables ventajas, algunas realmente maravillosas, pero estas aparecen cuando sabemos y podemos hacer un uso adecuado de estas tecnologías. Para ello no queda otra que educar para que su uso sea consciente, crítico y respetuoso ofreciendo herramientas cognitivas que permitan discernir en cada caso si los riesgos referidos existen.
A mis hijos.
Imagen creada por el autor con IA.
En Mérida, a 30 de agosto de 2026.
Rubén Cabecera Soriano.
@EnCabecera
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