Ahora lo que nos toca es aprender a usar el dinero. No es fácil, ya os lo advierto; requiere responsabilidad y control. Lo primero que debéis saber, aunque ya lo intuís, es que conseguir dinero es complicado. Siempre que se sigan las normas establecidas por la sociedad para asegurar una convivencia justa, encontraréis que hacerse con dinero es difícil: requiere trabajo. Ese trabajo aquí puede usarse como sinónimo de esfuerzo, de compromiso, de perseverancia y de dedicación que, al fin y al cabo, es tiempo; vuestro tiempo.
Sin embargo, tengo que advertiros que seguir las leyes que plantea la sociedad para conseguir dinero mediante el trabajo no es algo que haga todo el mundo y la consecuencia es que unos pocos —tenemos que llamarlos ladrones, pues es la definición que mejor se ajusta a lo que son— se benefician de privilegios o sencillamente se saltan las normas que deben regir para todos y provocan que el resto deba cargar con los expolios de esos estafadores para con la sociedad y suframos las consecuencias de su falta de solidaridad. Porque, esta advertencia es seria, aunque vosotros tengáis el dinero que necesitáis para vivir —y ojalá que sea holgadamente—, hay mucha gente que no lo tendrá y la vida en sociedad conlleva asegurar que toda la comunidad tenga, al menos, lo suficiente para subsistir, por lo que debemos ser generosos y solidarios. Esos ladrones a los que me refería antes no lo son, incluso aunque se escondan detrás de donaciones públicas y pomposas a gente necesitada que les ayude a lavar su imagen.
Así que ya sabéis: gestionar vuestro dinero es difícil, pero tranquilos, sabréis hacerlo, estoy convencido. Para ello, debéis ser consecuentes, constantes y firmes.
Lo primero que debéis hacer es comprobar qué necesitáis realmente. Identificar vuestras necesidades auténticas es el primer paso para gestionar vuestro dinero. No me refiero a caprichos que también hay que tener porque nos producen alegría que, aunque pasajera, es satisfactoria, pero, insisto, estos deben venir después. Lo que necesitáis y no podáis conseguir directamente con vuestro trabajo, deberéis adquirirlo con dinero.
Para saber qué necesitáis debéis reflexionar acerca de ello. ¿Estáis seguros de que necesitáis ese juego?, ¿no será mejor comprar fruta para comer antes que tener una pelota? Sé que sabréis diferenciar lo necesario de lo superfluo sin que yo os dé ahora una perorata. Sin embargo, dejadme que os dé un consejo, cuanto menos necesitéis, mejor os irá. A veces, aquello que consideramos necesario no lo es realmente. Haced un esfuerzo por priorizar lo preciso. No olvidéis incluir en estas necesidades las de las personas cercanas a vosotros que no puedan sufragarlas por sí mismas. Debéis ser generosos y solidarios —aparecen estos términos de nuevo— con quienes os importan o estén a vuestro cargo. Debéis tenerlos presentes a la hora de determinar cuánto dinero conseguir para cubrir esos gastos que suman quienes están con vosotros. Esto, de nuevo, implica un ejercicio de responsabilidad con el que debéis equilibrar el dinero que necesitáis conseguir con el que necesitáis utilizar.
Una vez que sepáis lo que requerís, debéis reservar, en segundo lugar, el dinero necesario para cubrirlo. Solo tenéis que utilizar unas matemáticas muy sencillas para hacerlo. Si necesitáis, digamos, diez cosas al mes que cuestan una cantidad, debéis asegurar obtener con vuestro trabajo al menos esa cifra. Listo: tal que así. Sed precavidos, procurad tener algo más por si surgen imprevistos, que surgirán, y, sobre todo, porque cosas que tal vez no son necesarias para vosotros puede que tengáis que afrontarlas al venir impuestas desde fuera, ya que deben ser sufragadas para cubrir servicios externos, impuestos…
En tercer lugar, si os ha sobrado dinero, pensad un poquito en el futuro. El mundo es un lugar extraño, variable y en ocasiones impredecible. Debéis ahorrar pensando en vuestro mañana, más allá de los imprevistos que comentábamos antes. No penséis que, aunque el Estado lo ofrezca, seguramente como estrategia política, cuando seáis mayores van a cuidar de vosotros —me refiero desde el punto de vista económico, porque estoy seguro de que siempre tendréis a vuestro lado gente que os quiera—. De modo que, si guardáis algo pensando en el futuro, el futuro debería ser amable con vosotros en términos económicos. Con relación a este futuro, tened presente también que, en nuestra sociedad, tener dinero excedente produce dinero. Sí, es algo extraño, pero parecido a lo que ocurría cuando no existía dinero como tal y nos volvimos sedentarios hace miles de años. De repente nos sobraban patatas o lana o leche que sabíamos que no íbamos a necesitar y se cambiaba por otros bienes que no teníamos. Pues con el dinero pasa algo parecido: si nos sobra y lo gestionamos bien —ojo que en este escenario también hay mucho ladrón y estafador suelto— nos puede producir más dinero. A esto se le llama invertir. No os diré que esta idea me entusiasma, aunque yo la utilizo, pero forma parte de nuestra sociedad y conviene que la conozcáis para utilizarla si os es posible. Mi consejo al respecto es que solo lo hagáis con el dinero excedente y no pongáis en riesgo vuestras necesidades básicas para invertir. Si bien es cierto que se puede utilizar el dinero como inversión para cubrir vuestras necesidades. Sé que esto parece un galimatías, pero si lo leéis con tranquilidad entenderéis bien qué significa.
Por último, cuando tengáis cubiertas vuestras necesidades y las de los vuestros, incluidos los imprevistos, y hayáis reservado una parte para vuestro futuro, podéis gastar —fijaos bien que es la primera vez que uso este término aquí, puesto que tiene cierta connotación negativa para mí— algo de lo que os quede en vosotros. Esos son los caprichos. No entraré demasiado en ellos porque son personales y los que tengáis serán vuestros y solo vosotros los entenderéis sin prejuicio. Ahora bien, dejadme que os aconseje acerca de estos caprichos. Serán solo dos reflexiones.
La primera es que conseguir el dinero para gastar en esos caprichos no os quite tiempo de vida para disfrutar. A veces, alcanzar ciertos niveles económicos, más allá de los imprescindibles, supone esfuerzos y sacrificios que no compensan porque perdéis la vida en ello. De modo que no desperdiciéis la vida ganando un dinero que no os reportará nada más de lo que tenéis. Si percibís que habéis entrado en una espiral que no os deja vivir, incluso aunque no tengáis dinero para gastar en caprichos o si, teniéndolo, no os podéis permitir disfrutarlo, cambiad. Abandonar no es malo, es inteligente cuando se es consciente de que el camino es equivocado. No le tengáis miedo a rectificar.
La segunda es que nunca, nunca, nunca tengáis caprichos que os hagan daño que os perjudiquen a vosotros o a los vuestros. Esto es difícil de saber a priori, lo sé, pero por suerte, tenéis mucha información disponible de fuentes fiables que os pueden ayudar a saber si esos caprichos pueden convertirse en vicios nocivos y que terminen destrozando vuestras vidas y las de quienes os rodean. Esta parte es muy seria porque puede provocar que todo lo que tenéis desaparezca, se volatilice y, cuando queráis daros cuenta, tal vez sea demasiado tarde y no haya marcha atrás. Sed cuidadosos con esto y consultad a quienes os quieren de verdad y a quienes os puedan informar sin mala intención, porque equivocarse en esto puede ser irremediable.
Ya veis, el dinero es un instrumento muy poderoso que debería servir para cosas buenas, pero que puede provocar mucho dolor. El dinero difícilmente os dará la felicidad, pero posiblemente os ayude a encontrar caminos donde estéis más seguros de que nada ni nadie os la pueda quitar.
Hemos recorrido, pues un camino intenso para hablar de algo tan frío como el dinero, que mucha gente llama el vil metal. Empezamos soñando con un mundo movido por la energía y hemos terminado comprendiendo que, detrás de cada moneda, hay un trozo de vuestra existencia. Por eso debéis ser cautos.
Solo quiero que recordéis una última cosa: el dinero es un excelente criado, pero un amo terrible. Si lo controláis con responsabilidad e inteligencia, os ayudará a alcanzar vuestra libertad. Pero si dejáis que os domine, si permitís que vuestros caprichos crezcan por encima de vuestros necesidades, os convertiréis en su prisionero.
Sed solidarios con quien no tiene nada, firmes con quien quiera engañaros y felices con lo que el dinero no puede pagar: el amor, la amistad, la tranquilidad de saber que habéis hecho lo correcto. Debéis ser dueños de vuestro tiempo, puesto que no se puede comprar ni recuperar.
A mis hijos.
Imagen creada por el autor con IA.
En Mérida, a 22 de febrero de 2026.
Rubén Cabecera Soriano.
@EnCabecera
https://encabecera.blogspot.com.es/

