Hemos tratado en estos relatos emociones, sensaciones, inquietudes, incluso cosas más tangibles y medibles como las drogas, pero el dinero es con seguridad el tema más mundano del que toca hablar y, sin embargo, es necesario hacerlo porque tiene y tendrá gran relevancia en vuestra vida, como lo ha tenido, tiene y seguirá teniendo en la mía.
No os aburriré con mis teorías acerca de la supresión progresiva del dinero por un método de intercambio económico más justo, menos voluble y no tan sometido a la especulación; este método se basa en el uso de la energía. Cuando consigamos que los intercambios se produzcan usando como moneda de cambio la energía, basada en el valor energético real del bien a intercambiar, nuestro mundo será más justo, pero esto no es lo que toca ahora; ahora toca hablar del dinero tal y como lo conocemos hoy.
Tal vez la mejor forma de hablar del dinero sea entendiendo antes qué es, eso sí, sin entrar en profundas disertaciones sobre el tema para no aburrirnos. El dinero es un bien o recurso o derecho auxiliar y limitado —y así debería ser para evitar una palabra muy fea de la que hablaremos más adelante que se llama devaluación— de carácter público —puesto que es accesible, por difícil que pueda parecer, a todo el mundo—, que se utiliza como medio para el intercambio de otros bienes de consumo más o menos necesarios, pero también limitados e inaccesibles. Si lo que necesitásemos fuese ilimitado y accesible no costaría dinero. Es importante comprender que en el intercambio económico de bienes, además de su limitación en cantidad, el factor de accesibilidad es sustancial puesto que, por ejemplo, podemos considerar que el agua es ilimitada en ciertas regiones, pero, sin embargo, pagamos por ella, y esto es así porque no siempre es accesible para beberla y saciar nuestra sed, de modo que necesitamos que alguien nos la acerque para poder consumirla.
Puesto que el dinero no tiene valor en sí, por eso es un medio de intercambio auxiliar y seguro que preferís comeros una manzana para saciar el hambre antes que darle un muerdo a un billete, es necesario que todos nos pongamos de acuerdo en su valor para que se pueda producir el intercambio de bienes, aunque irá fluctuando como consecuencia de la oferta y la demanda, de modo que podamos determinar cuántas manzanas pueden comprarse con un billete. Cuando los agentes económicos —muchos de ellos con intereses espurios, especulativos y poco transparentes— determinan el valor del dinero y deciden que con un billete se pueden comprar tres manzanas, al mismo tiempo, están avalando, es decir, respaldando su valor, de manera que para todo el mundo un billete sirva para comprar tres manzanas, ni una más ni una menos. Ocurre que el resto del mundo que no ha intervenido en esa valoración económica y que somos la mayoría, debemos confiar y asumir esa decisión. Y esto ocurre siempre, aunque nos parezca extraño, puesto que cuando vamos al supermercado a comprar las tres manzanas y entregamos un billete a cambio, nunca decimos que no estamos de acuerdo con ese valor, a pesar de que nos pueda parecer caro o barato y quisiéramos regatear el precio —cosa que, a veces, en ciertos contextos se hace— y lo más que podemos hacer es decidir no comprar las manzanas si nos parecen caras. En consecuencia, es necesario que exista un sistema que asegure la legitimidad del valor que se le ha concedido al dinero para que se produzca el intercambio con bienes necesarios, limitados e inaccesibles. Lo habitual es que sean los gobiernos los que establezcan el valor de partida y que luego sea el mercado el que vaya regulando el valor final del bien. Eso de la regulación del mercado es bastante complejo, pero dejadme que os ponga un ejemplo sencillo con las manzanas.
Imaginad al granjero que ha arado el terreno, plantado la semilla del árbol y lo ha regado hasta que ha crecido y empieza a dar la fruta. Decir que se ha decidido que tres manzanas son un billete es una simplificación muy grande, pero pongamos que nos lo creemos. Resulta que este año la cosecha de manzanas del granjero ha sido escasa. El supermercado sabe que vende todos los días muchas manzanas, pero si hay pocas manzanas y la misma gente que quiere comprarlas puede pensar —y así lo hace— que se puede permitir el lujo de subir el precio de las manzanas de modo que con un billete solo se puedan comprar dos. Pero ¿si habíamos dicho que eran tres manzanas por billete? Cierto, lo que ocurre es que no hay muchas manzanas y subiéndoles el precio el supermercado gana más dinero porque la gente sigue queriendo manzanas, aunque esto no signifique que al granjero le haya pagado más. Así, la oferta de manzanas se ha reducido —hay menos— y la demanda de manzanas por parte de los consumidores no ha menguado, por lo tanto, el precio de las manzanas ha subido. Sin embargo, si la cosecha es muy grande, puede ocurrir lo contrario y digo puede, porque no siempre sucede. De modo que, si el granjero tiene una magnífica cosecha, el supermercado puede conseguirlas a mejor precio para venderlas más baratas y en lugar de conseguir tres manzanas con un billete nos darían cuatro. Insisto en que esto es una simplificación burda, pero puede ayudarnos a entender el valor que se les pone a los bienes. Hay que tener en cuenta que el granjero tiene unos gastos que afrontar como pagar el agua de riego, el abono, tiene que quedarse con algo de dinero para comprar bienes para él. De modo que, si con lo que el supermercado le paga, que, en cualquier caso, siempre es menos de tres manzanas por billete, no puede cubrir sus costes y obtener algo de beneficio, el pobre granjero no podrá subsistir. Y el supermercado, por su parte, tiene que afrontar los costes del transporte de las manzanas, la electricidad de su edificio y debe pagar al personal que vende las manzanas en la tienda. Por lo que, si al vender las manzanas por un billete para cada tres frutas no cubre sus gastos y obtiene un beneficio, la tienda tendrá que cerrar porque se arruinará el dueño.
Sé que puede parecer un poco lioso, pero es necesario que entendáis esto antes de explicaros la importancia del dinero.
A mis hijos.
Imagen creada por el autor con IA.
En Mérida, a 8 de febrero de 2026.
Rubén Cabecera Soriano.
@EnCabecera
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